Declaración de Waterperry Imprimir E-Mail

La gente prospera cuando se respetan la justicia y la equidad. Hoy en día, una quinta parte de la población mundial carece de medios para alimentarse a sí misma. Esta injusticia y ausencia de equidad se resolverán cuando el reconocimiento de la humanidad que es común a todos llegue a ser la base de nuestra conducta.

El Problema.

Hay ahora 820 millones de personas sufriendo de malnutrición o de hambre, mientras que en cualquier otro lugar del mundo hay considerables excedentes de alimentos. Hay gente que no tiene comida, aunque sus propios países exportan alimentos. Hay países que importan comida, aun cuando sus propios productores están sumidos en la pobreza. En algunos países la falta de buen gobierno crea conflicto o corrupción, y esto, unido al deterioro ecológico, hace al pobre más vulnerable al desastre. La explotación de las nuevas tecnologías amenaza con destruir para siempre las relaciones establecidas desde antaño entre las comunidades y el mundo natural. La actual apertura de los mercados de los países en desarrollo al comercio internacional no asegura la prosperidad ni la armonía social para los que viven en esos países. 

Detrás de todo esto subyace el abuso del poder político y el control sobre los recursos, combinado con una falta de voluntad para ocuparse del fracaso de los mercados. Si tales factores quedaran fuera de control, podrían poner en peligro al mundo entero.

Principios.

Este planeta y su gente son una misma cosa. Nuestro medio ambiente físico funciona como un sistema único que se sostiene por sí mismo y que es capaz de mantener fácilmente a toda la familia humana como parte de sí mismo. Nuestra vida intelectual y espiritual forman un único océano vibrante del cual todos nosotros procedemos.

Por lo tanto, no existe justicia a menos que haya justicia para todos. Mientras que algunos estén en la pobreza, todos estaremos empobrecidos.Que las acciones de algunos sean la causa de que otros sufran privaciones, significa un empobrecimiento moral para el que la compasión, la justicia y la equidad son el remedio.

Todos juntos debemos crear un clima en el cual los gobiernos, las empresas y las demás organizaciones puedan operar. Todos somos responsables del estado del mundo en el que habitamos, desde las familias que componen nuestras comunidades hasta la totalidad de las naciones y los continentes. Nuestras intenciones y actitudes son importantes, porque dirigen nuestras acciones.

La justicia y la equidad requieren que garanticemos a todos los que integramos la familia humana oportunidades, tanto en el momento presente como en un futuro, en cuanto a nuestro desarrollo espiritual, intelectual y físico, en la forma en que la consciencia y las costumbres señalan. En resumen, debemos servir a los demás como desearíamos ser servidos.

Acciones.

Debemos examinar nuestras propias intenciones y acciones y preguntarnos: ¿Están éstas de acuerdo con el pleno desarrollo de la humanidad, aunque benefician a algunos, perjudican a otros o perjudican al planeta? Los gobiernos actúan cuando sus pueblos los impulsan a actuar. Las empresas actúan cuando sus clientes, accionistas y empleados les impulsan a actuar. Como habitantes del mundo y miembros de la raza humana tenemos el futuro en nuestras manos.

Como administradores y no dueños de los recursos de la tierra, nuestro papel es nutrir, no explotar. Podemos desarrollar tecnologías y formas de vivir que no dejen un lastre permanente, sino que por el contrario, dejen una herencia generosa para las generaciones futuras. La humanidad debe reconocer que el buen gobierno esta fundado en principios y leyes, no en la suma de los deseos de cada ser humano. Solo a través de la ley puede garantizarse el bien de todos y no los intereses de unos pocos. Los principios no cambian, pero el buen gobierno requiere que las políticas para implementarlos estén acordes con el tiempo y el lugar. Los gobiernos,en el ejercicio de su soberanía, deben tener el poder de llevarlo a cabo.

Por lo tanto, las universidades y los colegios, así como los lideres religiosos, filosóficos y espirituales, deben aprovechar todas las oportunidades para educar en este sentido y recordar a todos que tenemos un único futuro, el cual construiremos juntos, para bien o para mal, tanto para nosotros como para las futuras generaciones.

Para llegar a ese fin, exhortamos a realizar las siguientes acciones:

 Que todos los gobiernos unidos emprendan las acciones necesarias para asegurar la suficiente alimentación para todos y anteponer esto sobre cualquier consideración política o económica, a través de:

  1. La reconsideración de la aplicación universal de las políticas del libre comercio como la base para el desarrollo, y que, en su lugar, se centren en elaborar y aplicar programas que faciliten la autosuficiencia local y el comercio local, requiriendo a la OMC, el FMI y el Banco Mundial para que hagan lo mismo.
  2. Requerir a los Estados Unidos de América y la Unión Europea para que apliquen inmediatamente los compromisos existentes para suprimir los subsidios encaminados a la reducción de producción de alimentos, así como la eliminación de cuotas de importación y que promuevan un progreso más rápido en este área. 
  3. Requerir a los gobiernos que revisen sus políticas con respecto a la agricultura, la energía y el transporte, con el fin garantizar el respeto al principio de libertad de gestión, y que restrinjan el modelo y los niveles de consumo en las naciones desarrolladas. 
  4. La cancelación de la deuda de los países pobres y altamente endeudados. 
  5. Ayudar a los países en desarrollo a establecer las instituciones y las infraestructuras requeridas para el buen gobierno, asegurándose de que éstas respeten las costumbres y tradiciones locales, y que sean apropiadas para el nivel de desarrollo de tales países. 
  6. Trabajar con instituciones internacionales y naciones en desarrollo para implementar un programa que les permita ser independientes financieramente, y recobrar y mantener el control sobre sus monedas, de sus sistemas de impuestos, el uso de sus tierras y de sus recursos naturales. 
  7. Actuar para garantizar el acceso justo y equitativo a los recursos claves del mundo - la tierra, los recursos naturales y el conocimiento- y bajo esta perspectiva, revisar los conceptos internacionales acerca de la propiedad de la tierra, la propiedad intelectual y el crédito. 
  8. Impedir el deterioro ambiental y la polución por medio de los programas adecuados, cuyos fines y metas definidos garanticen que los que contaminan paguen. 
     
 

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